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martes, 1 de diciembre de 2015

Zapatos. La Gran Mezquita de París

      ¿Esto qué es? ¡Zapatos! ¡Miles de zapatos! ¿La Gran Mezquita de París al aire libre? Justo en el centro del Gran Duelo. ¿No podían haberse ido a Molenbeek? ¿O a la Cataluña separatista, que recibe a los musulmanes mejor que a los charnegos españoles de pura cepa?


      ¿A qué se debe? ¿Se ora, se reza? ¿Se pide perdón al Islam? ¿No será a los oligofrénicos terroristas? En cualquier caso, parece que se está postrado, de rodillas, la cabeza baja, sumiso a las autoridades ofendidas. ¿Por qué la letanía?

      ¿Por los infinitos musulmanes de Europa? ¿Se pide perdón al Califato Islámico? ¿Al EI, al IS, como se dice en inglés, o ISIS, como la diosa egipcia (IS + Irak + Siria)? ¿O al DAESH, que debe de ser algo muy malo, porque los gobiernos occidentales recomiendan utilizar ese nombre y los yihadistas lo desaconsejan y lo castigan con la muerte, dado que suena parecido a "mierda", "plasta", "cucaracha-asquerosa-que-hay-que-pisar"?

      ¿Por los zombis carniceros caídos en la refriega callejera con la policía? En Córdoba se ha hecho algo parecido. Se ha perdido perdón a las víctimas yihadistas de los ataques franceses en Raqqa. Ya sé. Debe de ser el "sindrome de Estocolmo", el miedo al futuro. "Os conquistaremos con el vientre de vuestras mujeres", dicen los fantasmas. Muy chulos. Terrorismo demográfico.

      ¿O serán los Reyes Magos? Eso debe de ser: están pidiendo regalos. Como yo de niño: una pistola, romanos, tebeos del Oeste. Mejor aún, los últimos números de "El Capitán Trueno" y de "El Jabato". Sólo de pensarlo me acuerdo de Marcel Proust y su magdalena, del té y de la tía de Combray. Tan lejano ya.

      Mejor no despertarse del sueño. La pesadilla nunca es real.

http://www.lefigaro.fr/international/2015/11/28 (le climat)

jueves, 3 de abril de 2014

Rouco Varela y los jóvenes

      Tiene razón el santo varón Rouco. Ha de haber un acuerdo de mínimos o, de lo contrario, vamos a un desacuerdo de máximos. Poco duró el renacido espíritu de concordia ante los restos de Suárez. Un día. Pero no, era un simple armisticio. Se demostró una vez pasados los funerales. Ya en la homilía salieron las navajas a relucir. Según el pronóstico del cardenal, ¿quiere ello decir que vamos a pasar del guerracivilismo a la guerra civil? Para ello haría falta un ejército dividido. Todo lo más seguirá la agitación callejera, la balcanización y las jugarretas temerarias de la izquierda levantisca. Y la nulidad suicida de la derecha. Nada nuevo bajo el sol.
      Se equivocó Rouco en un detalle menor, que no se ha señalado. Imperdonable y signo de la superficialidad de los analistas. No fueron los jóvenes los que buscaron en la Transición la armonía social, menos aún el olvido o el perdón. Su naturaleza ama los contrastes, y nada tienen que recordar o culpabilizar. Por lo que recuerdo, fueron los viejos, ya cansados de pelear, pasotas y pancistas en el tardofranquismo, los que con su feliz desidia permitieron que los políticos franquistas, como el Rey o Suárez, tuvieran éxito en la empresa. Los jóvenes calientes, cuatro gatos, estabamos más bien por la ruptura o la revolución, como ahora los infinitos antisistema, fanáticos todos de la involución a la Barbarie o a la Prehistoria. La Constitución la votaron los viejos y los jóvenes ordenados, que es lo que cuenta. Si es a éstos a los que se refiere el arzobispo de Madrid, si lo que tiene en mente es la inhibición de la algarada juvenil o la paciente entrega al trabajo y al estudio, acierta de lleno también en esto.


miércoles, 27 de febrero de 2013

Ateísmo infantil

      El filósofo Michel Onfray empezó su vida de forma difícil. Nació en un hogar muy pobre, y a los diez años fue abandonado por su madre en un orfanato.
      No fue, sin embargo, el orfanato lo que le llevó a la idea de que Dios no existe, como más de uno hubiera podido inferir precipitadamente. A los diez años, según su propia confesión, ya estaba convencido de ello. Acierta, por lo demás, el filósofo francés al aplicar su propia lógica cuando dice que los adultos que creen en Dios se equivocan.
Blog de Michel Onfray