Rajoy balbucea en EFE, a propósito de la Historia Interminable del actual Nazional-catalanismo, que hará "lo que crea que deba de hacer, lo que crea que sea mejor para España y en el momento que me parezca más oportuno".
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domingo, 8 de octubre de 2017
jueves, 9 de junio de 2016
Albert Rivera. España y Europa
Albert Rivera. Sin
duda, la única cabeza pensante de las hodiernas cuatro esquinas del Parchís
Nacional. Las otras tres talking heads
sólo atraen a hooligans beodos. Merece
el voto. Siempre que se sufra de tibia socialdemocracia europeísta o de simple nadería ideológica. O se calcule en términos de utilidad electoral. En fin, ya se sabe. Las lentejas. El menos malo.
Pero hete ahí que va
y dice que "Europa y más Europa". Cual si se tratara de un Ortega
posmoderno. Y la casa sin barrer. ¿Por qué no "España y más España"? Aunque
sólo fuera para irritar, según la costumbre unamuniana, a los infinitos filoapátridas españoles y contrariar
al otro medio censo indolente que se pone de perfil.
Entre las Autonomías
centrífugas y la Europa centrípeta no quedarán ni las raspas. ¡Adiós soberanía
nacional! Troceada por aquéllas, devorada, y ninguneada por ésta, engullida
junto a sus hermanas.
Válame Dios. Válate
el Diablo. Voto a Vox.
jueves, 10 de diciembre de 2015
Elecciones Generales en España, 2015. Los tres votos útiles
Me dicen que hay debates yanquis, o lo que sea, en
las telecloacas de los dos Imperios mediáticos, así como en las teleportavocías
de los Gobiernos Nacionales y Autonómicos. Con muñecos de Teletubbies.
Algunos, trajeados: son los del tocomocho.
Otros, descamisados: o sea, los cuentacuentos, los pobristas, los lloricas, los quejicas.
Y otros, en fin, cual si fueran los chicos de mantenimiento del plató -prerrevolucionarios, por supuesto-, sucios, sudados, en mangas de camisa, con vaqueros viejos, guarros, sin afeitar, con la llave inglesa en el bolsillo trasero del pantalón y el bocata en el sobaco (¡por su apariencia los reconocerás!): son los cantamañanas, los adánicos demagogos, los voluntariosos alternativos, los indignados perrofláuticos que se dignan a presentarse de esa guisa ante el los jóvenes españoles menores de 59 años con la intención de representar sus más arcanas apetencias y estolideces.
Otros, descamisados: o sea, los cuentacuentos, los pobristas, los lloricas, los quejicas.
Y otros, en fin, cual si fueran los chicos de mantenimiento del plató -prerrevolucionarios, por supuesto-, sucios, sudados, en mangas de camisa, con vaqueros viejos, guarros, sin afeitar, con la llave inglesa en el bolsillo trasero del pantalón y el bocata en el sobaco (¡por su apariencia los reconocerás!): son los cantamañanas, los adánicos demagogos, los voluntariosos alternativos, los indignados perrofláuticos que se dignan a presentarse de esa guisa ante el los jóvenes españoles menores de 59 años con la intención de representar sus más arcanas apetencias y estolideces.
¿Qué necesidad hay, criaturas, de volver a ver los
mismos caretos y oír los mismos hipidos, las mismas trolas, idénticas simplezas
frenopáticas y, lo que es peor, las infinitas bajezas afectivas con las que han
estado alimentando a los sufridos espectadores y oyentes durante cuatro interminables años? Si hay algo superfluo
en el mundo es una campaña electoral. Peor aun, es contraproducente. Incita a
la abstención y, en los temperamentales, al soez voto nulo.
Por no ver u oír a estos Demóstenes no se sabe lo
que daría un alma bien nacida y mejor criada. Éstas, hoy por hoy, viendo lo gestado en la última legislatura, tienen muy
fácil la decisión (¡por sus obras los conocerás!).
Si es socialdemócrata, con perdón, puede votar al
emergente C's o a los restos de UPyD. Si es liberal, vade retro!, sólo le queda apoyar el nacimiento futuro de un VOX absconditus.
Buenas intenciones, sin duda, pero malos nombres. Y todo por alejarse del Partido tradicional. Ahora bien, tienen en común lo más importante, lo común, lo más odiado por media nación y ninguneado por la otra media: son españoles y, además, susceptibles de pacto en cuestiones sociales y económicas. He ahí una empresa de largo recorrido.
Buenas intenciones, sin duda, pero malos nombres. Y todo por alejarse del Partido tradicional. Ahora bien, tienen en común lo más importante, lo común, lo más odiado por media nación y ninguneado por la otra media: son españoles y, además, susceptibles de pacto en cuestiones sociales y económicas. He ahí una empresa de largo recorrido.
Éstos son los
tres votos útiles, si lo que se busca es dejar de alimentar al monstruo de
la Corrupción Institucional y frenar la acelerada liquidación de la Nación
española.
El voto "inútil" es el otro. Sólo es
útil para lo otro. O sea, resulta perjudicial,
tóxico, deletéreo, corrosivo, desintegrador, mortal incluso. Es el voto de los
viejos Partidos: PP, PSOE e IU. Renovarse o morir.
No hablo de la chiquillería malcarada, que a buen
seguro venderá su espíritu al Pepito Grillo de su pereza e insignificancia, que
le orientará hacia el burdo neomaoísmo irano-bolivariano proyihadista con el
que el Cielo parece haber castigado a los españoles del presente por sus muchos
pecados sociales, educativos, morales y políticos.
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