martes, 20 de febrero de 2018

No-go zones. "Es cuestión de tiempo"

      Un Estado dentro de otro Estado. El Estado Islámico dentro del Estado Sueco. Y también de los Estados danés, belga, holandés, británico, alemán, austriaco, francés, italiano, griego, sin contar con los Balcanes. Como en las mafias, cuya etimología parece apuntar, curiosamente, a la lengua árabe con el significado de "bravuconería, chulería, rudeza, agresividad". Así, la Cosa Nostra, en Sicilia, o la Camorra, en Nápoles.




      Sin embargo, aquí, en el caso que nos ocupa, ya no se trata de un pequeño grupo autónomo enquistado en el tejido social con fines sólo económicos, merced a sus "códigos de honor", entre los que se encuentra la omertà o ley del silencio.
      Tampoco consiste en un grupo amplio de refugiados que -por motivos de seguridad personal o por persecución política- haya tenido que recorrer miles de kilómetros para protegerse de sus propias autoridades despóticas.
      Ni siquiera de inmigrantes legales que hayan sido llamados por la sociedad civil sueca (o danesa, o belga, u holandesa, o alemana, etc.) con el fin de prestar allí sus servicios más o menos cualificados, en detrimento de la economía de sus respectivos países.
      Se trata más bien de una gran masa de inmigrantes ilegales que -por supuestos motivos económicos, y siempre de sí mismos y no del Estado receptor- se autogestiona según sus propios códigos legales, civiles y religiosos, valga la tautología islámica, con la finalidad de asentarse de manera definitiva en tierra infiel para inciertos propósitos venideros...








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